divendres, 23 de març de 2012

Ojos


Tengo que llevar un libro a la biblioteca porque es el último día de préstamo.
Bajo y cojo un taxi para ir hacia allí. Me pongo en el asiento delantero porque, detrás se sube un chico que dice que va hacia la misma dirección. Cuando me doy cuenta, me miro y estoy desnuda; solo tengo el móvil en una mano y el libro en la otra.
Al llegar a nuestro destino, el taxista me dice que tengo que pagar ochenta euros.
 ¿Pero no ve que estoy desnuda? No tengo nada para pagarle.
Entonces el chico de detrás dice: “Bueno, yo tengo aquí (señalando una bolsa de plástico) unas bambas de mi hermana, si le sirven.”
El taxista las acepta como pago.
Pido al chico que me indique dónde está la biblioteca, ya que no me suena de nada esa zona. Él me dice que me ha llevado expresamente allí, que es su casa y me invita cordialmente a cenar con su familia. Acepto la invitación.
Después de pasar una velada muy acogedora en una mesa larga, larga, rodeada de personas que ríen y que son de lo más simpáticas; con las abuelas preguntándonos al chico y a mí si somos pareja (y de hecho, nos comportamos como tal) le digo, finalmente, que me tengo que ir y le agradezco el detalle que ha tenido conmigo.
Al llegar a casa, trepo por las escaleras de cuerda que van a dar a mi azotea. Allí me encuentro una gran cantidad de camisetas blancas de manga corta tendidas. Esas camisetas tienen ojos enormes estampados en ellas. Ojos marrones y verdes son los que predominan. Ojos de fotografía. Ojos preciosos. Pero, para mí, ese conjunto de camisetas es una imagen terrorífica.

De pronto mi mente se nubla y empieza a dibujar objetos, rostros. Creo que visualizo a qué viene todo esto. Lo visualizo pero no sé cómo ni por qué.

Tengo una cámara de fotos en mis manos y delante de mí se encuentran las personas más importantes de mi vida. Mi familia y mis amigos más cercanos. Pero… hay una persona. Una persona desconocida para mí y creo que para el resto también, aunque todos se comportan como si él fuera uno más.
- Juntaos, que os voy a hacer una foto.
Ese hombre desconocido, en ese momento, coge una navaja de su bolsillo y empieza a clavársela en los ojos a mi madre.
- ¡¡¡ No la toques, hijo de puta!!! ¡Te voy a matar! ¡PARAAAAAAA!
-       
Para, por favor.

No me puedo mover, no sé qué me pasa, pero no me puedo mover y no puedo hacer nada para evitar lo que está pasando.

Mi mente vuelve a su sitio, vuelve a ver esas camisetas y lo entiende todo.
Yo… mientras me dedicaba a compartir mi tiempo con gente que seguramente nunca volveré a ver…
Dios... no sé de cuándo es este recuerdo. Ni siquiera sé realmente si es un recuerdo, si he estado allí. No puedo haber estado en dos sitios a la vez, ¿verdad? Lo único que sé es que he llegado a casa, que estoy completamente sola y que un hombre me ha dejado un recuerdo de todas las personas a las que amé.



No tengo explicación para ello, pero suerte que ha sido un sueño.


M.

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